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Si
nos referimos a fiestas en El Molar, las que se consideran
de mayor auge son las Fiestas Patronales en honor de
Ntra. Patrona la Virgen del Remolino. Según la
tradición se apareció a unos pastores
que hacían su jornada junto al río Jarama.
En ese lugar específico se formó un enorme
remolino o tromba terrestre, surgiendo del mismo fondo
la imagen divina de una dama que portaba un niño
en sus brazos. Dicha imagen pasa casi todo el año
en la ermita construida por los molareños a seis
kilómetros del casco urbano, en el emplazamiento,
donde, supuestamente, tuvo lugar la aparición.
El preludio de la fiesta comienza el Domingo de Pascua
cuando los quintos, sorteados ese año, se encargan
de bajar a la ermita, para traerla al pueblo y ponerla
en la iglesia , no sin hacer al inicio del trayecto
un reparto de caridad de pan y queso. Pasados cuarenta
días, en el Jueves de la Ascensión se
celebra la misa mayor por la mañana y la procesión
por la tarde, lo que constituye el eje central de las
fiestas que dan comienzo el día anterior con
los fuegos artificiales, continúan los días
posteriores con fiestas taurinas, actuaciones musicales,
actividades de asociaciones, etc
y terminan al
Domingo siguiente con la ya famosa Romería
del Taral. En esta Romería se devuelve la imagen
a su ermita, despidiéndola con una comida campestre,
concursos, meriendas y bailes al pie de su santuario.
Otra fiesta de gran raigambre
es la de Santa Águeda, que se celebra al 6 de
febrero. La fiesta recoge una serie de actividades protagonizadas
y dirigidas por y para las mujeres. El hecho más
conocido de la fiesta se centra en la elección
de una alcaldesa, cuyo mandato finaliza al día
siguiente.
Se organizan bailes donde las mujeres muestran sus majestuosos
mantones de Manila y se organizan una serie de concursos
para elegir el mejor mantón. Mientras tanto hay
degustaciones de los dulces típicos de estas
fechas (Tetas y Tronco de Santa Águeda) y de
vino dulce. A las 7 de la tarde, las celebraciones se
trasladan hasta la Iglesia, donde se oficia una misa
en honor a la patrona y posteriormente las calles de
la villa acogen la procesión. Finalizada esta
las mujeres de la localidad se reúnen en una
amplia sala para charlar y participar en una cena en
su honor.
Una tradición simpática del municipio
es la fiesta de Santa Aguedilla, que se celebra un día
antes que Santa Águeda y congrega a las mujeres
solteras del municipio.
Pero, el apretado calendario
festivo, comienza a mediados del ciclo navideño
en el que, la Noche de Reyes, los más jóvenes
encienden luminarias en los cerros, para iluminar el
paso de los monarcas para que dejen sus presentes. No
hace mucho, corrían los campos y calles de la
población con teas encendidas, ofreciendo un
espectáculo encantador.
El
1 de Mayo Fiesta de la Maya, se entroniza
una Maya en un escenario levantado en la plaza y se
cantan los famosos mayos, a los que ya nos referimos
anteriormente. Recordemos que fue en el s. XVIII, cuando
fueron enseñados por el profesor de danza de
la Casa Real a los jóvenes del municipio. Esta
fiesta es única al igual que sus cantos en la
Comunidad. En ningún lugar se celebra la llegada
de la primavera como aquí.
El
15 de Mayo, San Isidro (Copatrón del municipio),
se celebra una procesión donde los labradores
reparten bollos y limonada a los asistentes, para conmemorar
el día de los trabajadores del campo.
Otra fiesta muy significativa
es la celebrada el primer fin de semana de Septiembre.
En él tiene lugar la Feria Ganadera y Agropecuaria
de El Molar, cuyo origen se remonta a 1576. En estos
años El Molar estaba dando sus primeros pasos
como Villa independiente tras independizarse del término
de Talamanca en 1564.
Las Ferias comenzaban la última semana de Agosto
y se prolongaban hasta la primera semana de Septiembre,
celebrándose tras estas una pequeña fiesta
local para conmemorar el éxito y los beneficios
obtenidos tras el evento (se celebraban carreras de
caballos y asnos entre otras cosas).
Para poder celebrar esta Feria, la Villa tenía
que pagar al Rey ciento cincuenta mil Maravedies
por cada día que duraba la feria y veinticinco
cuartillas y seis celemines de trigo por cada habitante
de hecho de la Villa.
A pesar de todo, la Feria tuvo poco tiempo de vida porque
la Villa fue comprada por José de Beroiz, predecesor
del conde de Peñaflorida, y este se negó
a pagar los tributos al Rey, por lo que la Feria dejó
de realizarse.
Tras un paréntesis de algo más de dos
siglos y con la esperanza de que se pudiera rescatar
aquel festejo que hizo que la Feria de El Molar llegara
a tener una importancia comparable a la de Medina del
Campo, surgió una pequeña fiesta en los
días seis y siete de Septiembre dedicada a los
niños y en la que se practicaban todo tipo de
juegos populares, y dado el carácter lúdico
del festejo o como anteriormente se ha mencionado por
algún anhelo de aquel festejo se le dio el nombre
de Feria. Con el paso del tiempo esta Feria ha ido evolucionando,
se ha ampliado su duración, se ha secularizado
su fecha de realización, se ha deportivizado
y ha ido cogiendo solera.
Hoy en día esta Feria deportiva se celebra el
último fin de semana de Agosto y es predecesora
de la recuperada ancestral Feria ganadera y agropecuaria
que se celebra el primer fin de semana de Septiembre.
En
esta actual Feria Ganadera y Agropecuaria que se viene
celebrando desde al año 2001 se dan cabida a
todos los comerciantes y artesanos de la comarca que
así lo deseen, llegando incluso a participar
en ella comercios de toda España. Con ella se
pretende aprovechar la ubicación geográfica
del municipio para favorecer el intercambio comercial
y conocimiento de productos autóctonos de la
economía comarcal (Madrid-Sierra Norte), así
como las relaciones entre las empresas localizadas dentro
de sus respectivos ámbitos de influencia.
Finalmente, el día
de Nochevieja, los quintos celebran su fiesta grande,
cobrando dinero a los automovilistas que cruzan el pueblo,
a cambio de un trago de vino, y después recogen
leña para encender una gran hoguera que ilumine
la noche de fin de año. Antiguamente, era tradición
recoger los rescoldos en el Año Nuevo, para los
braseros de la casa.
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